Acercamiento a tu cuerpo

Recuerdo que alrededor de los doce años me explicaron en la escuela algunos términos relacionados con la masturbación y la eyaculación.


Pero mientras veía como todos mis compañeros (casi exclusivamente hombres) se miraban entre sí, compartían risas, anécdotas y técnicas, yo no tenía idea a lo que se referían con relación con mi cuerpo y tampoco me podía identificar. Los niños curiosos nos preguntaban a las niñas que cada cuánto nos tocábamos, a lo que no recuerdo que alguna de mis compañeras aceptara que lo hiciera y se platicaba del cómo los hombres eran más propensos a tener ese tipo de encuentros con ellos mismos y a la vez se sentían orgullosos de su satisfacción y sus experiencias. Abrazaban el hecho de crecer y relacionarse consigo mismos.



Ese día después de la escuela llegué a casa y me quedé pensando por bastante tiempo. Aunque para esa época yo ya había tenido alguna cercanía a la pornografía, seguía sin entender realmente de qué se trataba todo lo que comprendía este acto, (menciono la pornografía porque se me hace impresionante el gran acceso que hay a este tipo de contenido y la carencia respecto al sector de placer y bienestar). Me encontré a una tía rondando por la casa y me acerqué a preguntarle de qué se trataba eso que tanto me intrigaba, "la masturbación" a lo que su respuesta rápida fue: “es cuando te acaricias y se siente rico” sobando con la palma de su mano uno de sus brazos. Podríamos decir que no estuvo del todo alejado, pero esa información incompleta tampoco despertó en mí lo suficiente para entender todo lo que tenía permitido hacer con mi cuerpo ya que lo primero que hice al tener un tiempo a solas fue acariciarme el brazo y, aunque claro que tuve una sensación de amor y satisfacción; no se acercaba ni un poco al espectro de placer y magia al que se puede llegar con el sexo, siendo éste el primer intento de relacionarme con mi cuerpo.


Después alrededor de los 16 años me volvió a entrar la duda de cómo se podría sentir esa satisfacción sexual (todxs nos hemos rozado con algo, acercado al borde de una mesa o simplemente en pensamientos nos hemos cachado dirigiendo nuestras manos hacia nuestras zonas erógenas) así que encontré un cepillo que tenía a la mano y con el mango de éste comencé a frotarlo por mis piernas, después por mi vulva, para así llegar a introducirlo por mi vagina, nunca había sentido algo dentro de mí y fue poco después de hacerlo que empecé a sentir muchísima culpa y ganas de terminar lo más rápido posible para que nadie me cachara. Eso sí, para ese entonces yo ya había tenido fajes con diferentes parejas y a ellos sí les había dejado tomar el control y el placer de mi cuerpo pero a mí de alguna forma me daba pudor o sentía que no era yo a la que le correspondía darme placer.


Hace poco, platicando con una amiga acerca de lo que nos había separado de convivir con nosotras y experimentarnos, me comentaba cómo la religión para ella fue una de las más grandes trabas ya que al masturbarse lo disfrutaba pero no lograba sentirse cómoda haciéndolo por todas esas ideas de vergüenza y porque su experiencia era mucho más placentera de lo que alguna vez le dijeron que tenía que ser. En su imaginación había dioses espiándola y tenía la certeza de que su impureza le traería consecuencias a la larga y que si estas pasaban era merecedor de ello. ¿Desde qué momento lo divino se alejó tanto de nuestra naturaleza? Me privé de mí por más de diecisiete años, crecí dentro de una familia religiosa tradicional mexicana, en donde este tipo de cosas no eran mencionadas y mucho menos se tomaban el tiempo de explicarlo o de si quiera experimentarlo hablando específicamente de las mujeres de mi casa, digo que me privé y a la vez me vi forzada a esto ya que desde pequeña no tuve una buena relación con mi cuerpo y en mi conciencia el reconocerme mujer solo me conducía a factores de miedo, peligro, abuso y sexualización, que sinceramente no sonaban para nada prometedores.


En nuestra educación sexual nos urge entender que hay dos tipos de términos de los que se habla mucho pero se sabe y se comprende muy poco, y aunque los dos incluyen la estimulación y participación de los órganos sexuales, son completamente diferentes. Uno es la reproducción sexual de la cual se nos ha hablado por décadas y ha condicionado nuestra existencia al mero hecho de reproducirnos sin tener consciencia de esto, se le ha dado prioridad sobre el autoconocimiento y el placer, el otro es la relación sexual que se puede experimentar individualmente o en conjunto, aquella es importante aprender a disfrutarla ya que en este proceso empiezas a descubrir mucho de lo que te gusta, de cómo es tu cuerpo y de cómo relacionarte con él para, si es que lo deseas, poder compartir esa individualidad más y disfrutar de un momento placentero.



Hablaba al principio de la autoexploración, y mis mejores aliados fueron el espejo y el cannabis para este momento de introspección y conexión mi acercamiento a la planta me permitió relajarme y sensibilizar para darme ese espacio de soltar tanto expectativas como preocupaciones y realmente experimentar lo que estaba haciendo, como recorría mi cuerpo, en qué forma o posiciones me gustaba más observarlo y así poco a poco irme seduciendo. El espejo me permitió admirar(me) y ver(me) en poses, ángulos y lugares que nunca me había tomado el tiempo de apreciar. ¿Ustedes ya se han probado? ¿A qué saben tus fluidos?


Para mí todo este camino ha sido un gran proceso de sanación, permitámonos conectar con nosotrxs, reconocernos ante un espejo y hacer de este momento no más que un ritual de diversión, amor y agradecimiento, prepárate con tus aromas favoritos, pon la música que más te gusta ¡y empieza a disfrutarte!



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